¿QUIÉN ROBA A UN LADRÓN TIENE CIEN AÑOS DE PERDÓN?
Es
sorprendente, pero éste es de los pocos dichos que, a pesar de ser aceptado por
unanimidad, en la práctica no es el caso. Cuántas veces hemos escuchado a lo
largo de nuestra existencia esta frase: “quién roba a un ladrón tiene cien años
de perdón”.
Sin embargo, y
por desgracia, hoy más que nunca, que alguien intente robar a un ladrón y verá
la que se le puede caer encima. Es como si de pronto, sin aparente consenso, la
justicia (sin mayúscula porque hace tiempo que la perdió) le ha dado la vuelta
a la tortilla que probablemente se ha caído al suelo y, por lo tanto, ha
quedado hecha una mierda, con lo cual no es presentable, aunque a ella se la
sude y haya acabado poniéndole sobre la mesa lamentablemente recompuesta. En
ese golpe de varita mágica, para unos y nada mágica para muchos, la justicia ha
llegado a la conclusión que es necesario tomar medidas para frenar la avalancha
de robos cometidos a grandes ladrones.
No es de
extrañar; entiendo que estos grandes ladrones con nombres y apellidos
demasiados conocidos para el común de los mortales y que, en la mayoría de los
casos, son las personas que, a través de nuestros votos, deben gestionar las
cuentas del país, tengan una sed de riqueza insaciable y, por lo tanto, no
aceptan, bajo ningún concepto, que venga un ladrón de poca monta para llevarse
las migajas de ese pastel del que se han apropiada de manera absoluta y sin
consenso alguno.
No
sé si morirme de risa o de llanto cuando leo o escucho la noticia de que
alguien a sido detenido por la policía por atracar una entidad financiera. Lo
peor de todo es que incluso los clientes presentes en ese momento y, por
supuesto, también el personal empleado han arriesgado su vida para frustrar la
intención del atracador. Y es que no hay nada como ser héroe aunque sea por
unos pocos minutos.
Aunque
a veces pienso que más bien es envidia. Si sólo pueden robar los políticos y
sus familiares más cercanos, a demasiadas personas les fastidia que venga un
ciudadano como ellos y que consiga llevarse aunque sea unas migajas del pastel
prohibido.
Y
así son las cosas: aceptamos que los “políticos” nos roben, saqueen, pillen,
hasta dejar el país en la más desoladora ruina, sin embargo, no consentimos,
bajo ningún concepto, que un ciudadano de a pie con mucha astucia robe a esos
corruptos insaciables y, si se da el caso, pondremos todo nuestro esfuerzo para
que no salga airoso.
También
existe otro dicho que dice: “cada uno tiene lo que se merece” y la iglesia
(también sin mayúscula) dice: AMÉN
Adelante, no te cortes, déjanos tu punto de vista, estamos deseando conocerlo, porque sabemos que tienes uno.

